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Cabane d'Orny

Cabane d'Orny 2831m

Una de las mejores cosas que puedes hacer en Suiza, es alguna ruta por sus refugios de montaña. Recorrer los Alpes es una experiencia necesaria, si además puedes visitar alguno de sus muchos refugios… Disfrutarás el doble. Aquí te contamos nuestra aventura hasta la Cabane d’Orny para que cojas ideas.

Eso no lo puedes olvidar nunca, ante un enfrentamiento… Ganará ella. Así que es muy importante que NUNCA TE LA JUEGUES.

 

  • No hagas rutas por encima de tus posibilidades.
  • Revisa siempre el clima, en alta montaña es muy cambiante, así que no te confiés.
  • Lleva material y provisones DE SOBRA. Escatimar te puede poner en peligro.
  • Lleva la ruta estudiada y tu mapa/GPS.
  • Si es posible, pregunta en un puto de información o a gente de la zona y pide consejo.
  • Sigue todas las medidas de seguridad aconsejadas para tu ruta.

– Consulta el parte meteorológico y planifica bien la ruta.

Las cabañas cierran en invierno, normalmente entre octubre y junio, consulta fechas concretas de cada cabaña.

Hay un telesilla que te sube desde Champex-lac hasta lo alto de la Breya. (Te puede interesar para acortar ruta, pero cierra pronto, consulta horarios)

– Esta cabaña se puede enlazar con la Cabane du Trient. Recomendable si tienes tiempo. Aquí puedes leer más: http://travelsuras.net/cabane-du-trient

Está catalogada como ruta de dificultad moderada.

Para mi eso quiere decir: No tiene dificultad técnica, y te cansarás en la medida en la que estés físicamente…

Sí que es cierto que hay un par de zonas donde si tienes vértigo tendrás que hacer un pequeño esfuerzo:

 

  • Zona estrecha en la loma de la montaña. El camino se convierte en un pequeño sendero al descubierto de un precipicio. Tienes cuerdas en todo momento para sujetarte si te da impresión. Aquí depende de tu nivel, pues había gente que pasaba como si nada, y otros que iban sufriendo… El camino tendrá unos 40cm aproximadamente de ancho (de media y a ojo), y si no recuerdo mal sería menos de 1km de largo.

FICHA TÉCNICA

Recorrido: Relais d’Arpette – Cabane d’Orny – Relais d’Arpette

DISTANCIA

14kM

TIEMPO

6h

DESNIVEL

1200m ↑

1200m ↓

CIRCULAR

 NO

Cuaderno de viaje

«Con la tormenta a las espaldas» Se debería titular. Ya el día anterior habían pronosticado tormenta. La recomendación era «antes de las 14h bajo techo». Aún así, para variar, salimos más tarde de lo previsto. (No hay manera…)
Empieza la ruta

Nuestra ruta empieza desde el Relais d’Arpette, pues estábamos viviendo allí aquellos meses. Trabajando en el refugio, para ser exactas.

El camino pasa por la misma puerta, aunque puedes empezar también desde Champex-lac. En este caso, sólo para que lo sepas, dispones también de un telesilla que te sube hasta la cima de la Brella.

Nosotras, por supuesto, decidimos andar, así que allí empezó la aventura, camino arriba por este precioso valle.

Un chino en el camino

Diez minutos después de salir, nos encontramos a un chico en el camino, con un pequeño mapa en la mano, mirando hacia las montañas más perdido que yo en una tienda de bisturería… A pesar de que ya era bastante tarde, Noelia se para a preguntarle si necesita ayuda, el chico era chino pero por suerte hablaba inglés. Noelia despliega nuestro mapa de 2m en el suelo y se pone a indicar al chaval, que por cierto, no sabía ni muy bien dónde iba… El chico estaba haciendo el Tour del Mont Blanc, de echo la noche anterior había dormido en nuestro refugio, pero no tenía la ruta muy planificada.

Noelia le indicó para subir a la «Fentre d’Arpette», y los posibles refugios que encontraría por el camino, ya que tenía una tirada larga, y más teniendo en cuenta la amenaza de tormenta, de la cual le advertimos. Aun me pregunto dónde y cómo llegaría aquel chaval… Con un mapa que parecía de broma y sin ninguna orientación.

Tirolina

Después de este pequeño episodio reanudamos la marcha cuesta arriba, nuestro camino se bifurcaba a la derecha, al contrario que el del chico, así que lo perdimos de vista en seguida. Noelia porteaba la mochila, ya que solo teníamos una y la íbamos turnando. Ya casi llegando al telesillas accedió a darmela y la fuimos cambiando cada hora.

Vimos a unos chicos construyendo algo, algo que durante el tiempo que tardamos en llegar hasta ellos nos dio para hacer una y mil hipótesis. Se trataba de una enorme tirolina. «Tenemos que venir», nos dijimos. Y así es, habrá que volver porque nos quedamos con las ganas.

Paso estrecho en la loma
Al llegar a lo alto, cerca del telesillas, paramos a dar un bocadito para recuperar fuerzas. Una vez retomamos el camino, a pocos metros de allí empezaba un camino algo estrecho que bordeaba la montaña. Cortaba a su izquierda con el vacío, y unas cadenas ancladas a la montaña servían de pasamanos en todo momento.
Lenta y cautelosamente fuimos avanzando, hasta que nos adelantó una chica con paso firme y alegre, yo me giré y le dije a Noelia para quitar hierro al asunto: «esta chica vive aquí y ha bajado a comprar el pan», porque hay que ver que la tía iba en su salsa… Nos sentimos un poco ridículas, pues nosotras parecía que estábamos cruzando el desfiladero de la muerte, o algo así.

Desde ese momento intentamos mirarlo con otros ojos y no pensar en el vacío que nos intimidaba, y confiar en nuestros pies.

Adentrándonos en la montaña

Caminamos varias horas, unas vistas privilegiadas nos rodeaban, con los glaciares de fondo, un espectáculo para la vista y el alma.

Nos adentramos en las motañas, el paisaje cambió. Fuera del «defiladero» íbamos más tranquilas, pero aún así nos adelantó una pareja de esquiadores de fondo. Llevaban los esquiés y las botas a la espalda, y nos pasaron raudos, lo que nos dio a entender que nuestro estado físico no era muy top…

CABANE D’ORNY 2831m

A nuestro ritmo, llegamos por fin a la Cabaña. El último trecho tiene una buena subida, pero el paisaje es tan sobrecojedor que ni te cansas.

Qué belleza. La cabaña está en un marco incomparable. Un pequeño lago, el glaciar rugiendo y los picos de las montañas custodiando. Impresiona.

Como era inevitable, después de unos minutos deleitándonos con las vistas, Noelia entró en el refugio a comprar un trozo de tarta, lo cual para ella es todo un ritual, y a estas alturas (2831m) empiezo a pensar que sube a los refugios sólo por sus tartas (es broma). Pero realmente os recomendamos que las provéis, puesto que cada refugio suele tener su tarta especial, en este caso de frutos secos: deliciosa.

Almuerzo en la cabaña
Nos sentamos unos metros más abajo, junto al riachuelo, para enfriar las bebidas que habíamos comprado, ya que nos las bendieron calientes, y cuando preguntamos a la mujer si tenían hielos, nos miró, sonrió y señaló el glaciar… Así que nos tocó enfriarlas a la vieja usanza.
El refugio estaba lleno de niños y niñas de unos 10 años. Todos con sus piolets, crampones… Increíble, así ya se puede… A mi en las excursiones del colegio me llevaban al parque. ¡Qué suerte!

Mientras almorzábamos vimos adentrarse en el glaciar a los esquiadores que un rato antes nos habían desmoralizado adelantándonos a toda velocidad. Que valientes.

Si nunca has estado en un glaciar, te va a sorprender los sonidos que hace. Te remueben un poco por dentro, y te recuerdan lo insignificante que eres para el planeta tierra… Ni siquiera somos hormigas. Así que disfrutamos aún más de la suerte de estar allí.

El retorno

Después de un ratito de relax emprendimos la vuelta. La tormenta se empezaba a oler, así que nos dimos prisa.

Dudamos en si cruzar por una «atajo» que había a mitad de camino, senda que pasa por el Col de la Breya, por no cruzar de nuevo el estrecho corredor, pero finalmente decidimos desandar lo andado. «Más vale malo conocido…»

Fue una buena idea, y muy gratificante, porque la vuelta fue infinitamente más rápida. Con la tormenta apremiando cruzamos velozmente y con soltura el «desfiladero». Lo que nos dio a entender que el cambio de prespectiva lo es todo.

La tormenta a nuestras espaldas

A nuestra derecha, en las montañas vecinas al fondo del valle, unos rayos y truenos colosales cruzaban bramando el cielo. ¡Corre! Era lo único que nos decía la mente. 

Contentas de haber superado nuestros miedos llegamos al telesillas dos minutos más tarde de que cerrasen. El chico nos debió de ver a lo lejos, porque nos estaba esperando y nos hacía señas para azuzar. No teníamos ni un céntimo en efectivo, y era bastante caro, así que le dimos las gracias y continuamos bajando a pie.

Llegada a casa
Nos quedaba un trecho, pero por suerte cuesta abajo. Se escuchaba la tormenta y se veía la cortina de agua a lo lejos. Bajamos más corriendo que andando, pero por suerte llegamos a casa justo antes de que nos pillase la lluvia, sanas y salvas, con una nueva aventura que contar.
Cabane d’Orny. Si tienes ocasión no te lo pienses, cada paso del camino merece la pena. Las vistas son tan espectaculares que ni te cansas de subir. Esta cabaña la puedes enlazar con la siguiente: Cabane du Trient. Además, recuerda que puedes dormir allí y alargar la ruta. Eso sí, recuerda consultar su web antes, puede que estén cerradas. Si vas en ruta de un día, no dejes de comer un trozo de tarta, ¡es una tradición!

Un abrazo.