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BERNA

La capital de Suiza, enamora.

Berna es una ciudad que te enamora desde el minuto uno. Quizás sea su mezcla de colores, sus increíbles edificios y arcadas medievales, los inumerables callejones que te invitan a explorar, o la peculiar forma en la que el casco antiguo se distribuye junto al río Aare y se mezcla con la naturaleza. Lo que te puedo prometer es que es una ciudad que cautiva. Por algo será que es patrimonio munidal de la UNESCO.
– Idioma oficial: Alemán. La mayoría habla también francés, y en todos los comercios te podrán atender en inglés. – Transporte público gratuito: Si te alojas en un hotel de la ciudad te dan un pase gratuito. – En verano se puede nadar en el río. Coge toalla, porque realmente te va a apetecer. – Puedes ver osos. Si no te da pena verlos encerrados. Es gratuito, ya que están en un parque que se ve desde la calle. -Horario de tiendas: Recuerda que en Suiza los horarios son diferentes, si no te quieres ver sorprendido/a consulta antes. Normalmente cierran sobre las 18:30 – 19h (incluidos supermercados). Además muchos cierran también a medio día, sobre las 12h hasta las 14h. Es importante tenerlo en cuenta si debes hacer alguna compra.
La verdad es que Berna está repleta de cosas que ver. Como ciudad medieval muy bien conservada, tendrás el lujo de pasear por calles preciosas y encontrarte con infinidad de monumentos, además la naturaleza en la que está envuelta la ciudad ya es más que increible. Te escribo algunas de las cosas más imprescindibles, aunque el simple hecho de callejear ya te va a dar la oportunidad de descubrir tesoros. Vamos allá:

  • Torre de la prisión (Käfigturm)
  • Torre del reloj (Zytglogge) — Visita interior 15 CHF
  • Palacio federal (Bundeshaus) — Visita interior gratis
  • Las arcadas medievales (Lauben)
  • Locales subterráneos y bodegas.
  • Catedral (Münster) — Subir a la torre 5 CHF
  • Parque de los osos (Bärengraben) — Gratis
  • Jardín de las rosas (Rosengarten)
  • Museos de todo tipo y esposiciones de arte.
TIBITS: Restaurante vegetariano. La comida muy rica, un sitio bonito y acogedor y el trato de diez. Personal amable y sonriente. Tienen un buffet donde elijes tu comida y luego pagas al peso. Tienen mucha variedad, entrantes, platos calientes, fríos… Lo difícil es elegir. Tienen comida vegetariana y vegana, bien señalizada. Además de una carta de zumos ecológicos donde elegir. El precio depende de lo mucho que comas por los ojos… A nosotras un plato nos costó 14 CHF y el otro 22 CHF. (adivina quien es la glotona) Las bebidas, por supuesto depende, pero unos 6CHF de media. Con lo cual, aproximadamente comer te sale por 25 CHF por persona. Si te pides café, postres, etc pues ves sumando. Nosotras somos muy de regalarnos… Así que nos dimos el homenaje. Pero eso ya depende de cada uno/a. Tienen muy buena calidad/precio para ser Suiza. Además, perros muy bienvenidos. Nos sacaron un platito con agua para Tibet nada más llegar. Nosotras quedamos encantadas: lo recomendamos. Si quieres ojear más: https://www.tibits.ch/ 

– Schwellenmätteli: Bar- restaurante con vistas. Al mismísimo pie de río, o más bien sobre él. La terraza está literalmente sobre el río Aar, así que puedes comer o tomar algo envuelto/a por su sonido y belleza. Nosotras tomamos un tentenpie y unas bebidas y los precios fueron correctos. En cuanto a la carta para comer la puedes consultar en su web: https://www.schwellenmaetteli.ch/en/   

– Zunft zur Webern. Bodega restaurante. Si lo que te apetece es pegarte un homenaje y degustar platos típicos suizos como la fondue o el rostie, este es un buen sitio.  Tiene una bodeguita en la parte de abajo, muy romántica y acojedora. Consulta precios antes de bajar… ¡Y disfruta! https://www.restwebern.ch 

Cuaderno de viaje

Nuestro viaje empezó temprano, ya que salimos en tren desde Zermatt sobre las 7h de la mañana, para llegar a Berna sobre las 9h. A decir verdad queríamos llegar incluso antes, pero nos entretuvimos desayunando, para variar, y cogimos el siguiente tren a lo previsto.
Billetes de tren
Los tiquets de tren los habíamos comprado semanas antes, lo que aquí llaman: «Tageskarte». Son unos «pases de día», pagas un precio fijo y puedes viajar en tren todo lo que quieras (o te de tiempo) durante ese día. (Más info aquí)  También te puede interesar que los perros pueden viajar sin problema en todos los transportes públicos de Suiza, eso sí, pagando su correspondiente tiquet.

Mapas

Al salir del tren, como solemos hacer, fuimos directas a buscar la oficina de turismo para conseguir uno de esos mapas tan chulos que te dan de la ciudad. Esos que abres y doblas por mil partes, esos que nunca consigo cerrar a la primera (ni a la segunda), esos que tanto miras y les das vueltas para acabar perdiéndote igual… Pero a  nosotras nos encanta perdernos con el mapa, así que fuimos a por uno, y debo reconocer que ni siquiera fue fácil encontrar la oficina. Si llegas en tren, pregunta, porque no está muy a mano (desde los andenes). Los alrededores de la estación son como centro comerciales, donde podrás encontrar de todo, pero nosotras no nos detuvimos, (salvo por una pipi-pausa), sino que fuimos directas a explorar la ciudad. Ya con nuestro mapa, empezamos por no hacerle ningún caso y nos dispusimos a callejear.

Torre de la prisión (Käfigturm)

Dejándonos llevar por el encanto de sus callejuelas, llegamos a una enorme plaza. Ahí sí, miramos el mapa que yo llevaba doblado ya en mil pedazo en la mano, y averiguamos que estábamos en Bären – platz.   Allí descubrimos la torre de la prisión, que fue la segunda puerta de la ciudad. Que en un principio confundimos con la famosa torre del reloj, ya que ésta también posee un reloj, pero en este caso de dimensiones ínfimas (las comparaciones son odiosas), además el formato es parecido, ambas torres robustas con tejaditos puntiagudos y un pórtico a sus pies que da paso a peatones. Por suerte nos situamos en el mapa y vimos que se trataba de la torre de la prisión, que por cierto se usaba propiamente como tal hasta que se construyó una prisión municipal casi en el año 1900. Después de admirar sus curiosidades y deambular un poco, vimos al final de la plaza un edificio suntuoso, así que sin duda nos dirigimos hacia allí. Se trataba del:
Palacio federal (Bundeshaus)
Merece la pena acercarse, para empezar, porque en su plaza (Bundesplatz), una fuente de chorros que emerjen del suelo te espera y te invita a jugar. De estas que van soltando agua de forma intermitente hacia el cielo.

Nosotras, como no podía ser de otra manera, empezamos a corretear por allí tentando a la suerte, y Tibet, que no intuye el peligro, se dio algún pequeño refrescón.

Con la sonrisa puesta, nos acercamos al «Bundeshaus», centro político de Suiza. Una construcción imponente y  particularmente bonita. Además, los parques que la rodean y las vistas que puedes contemplar desde allí… Hacen un conjunto perfecto.  Te recomendamos perder un poco de tiempo en sus alrededores. Además, puedes entrar a visitarlo.

Restaurante vegetariano Tibits

Después de casi un año viviendo en Suiza, nuestros estómagos se han acostumbrado a comer bien temprano, así que el hambre atacó sin piedad, y aunque aún no habíamos visto demasiado, hicimos una pausa para comer.

Como a Noelia le encanta hablar con desconocidos/as, no dudó en preguntarle a unas Bernesas que comían en uno de los bancos, que dónde habían conseguido esa suculenta comida «take away».
Nos remoendaron el «Tibits», un restaurante de comida vegetariana donde comimos muy a gusto. Si te gusta este tipo de comida, o te apetece probarla, es un sitio donde acertarás seguro y a precio razonable. (Si quieres más info sobre el restarurante lee: «Dónde comer», al principo de esta página)

Pasear por Berna es una auténtica delicia. Cuesta mirar fuera del objetivo de la cámara, porque todo es «de foto». Con la panza llena, nos fuimos paseando hasta uno de los grandes puentes que cruzan el río Aare, el «Kirchenfeldbrücke» en parte porque las vistas son tan bonitas que apetece cruzarlo, y además aprovechamos para ir a «Helvetia platz», donde se encuentran varios de los muchos museos de Berna.
Torre del reloj (Zytglogge)
Volvimos sobre nuestros pasos para visitar la famosísima torre del reloj (Zytglogge).  Como ya sabes, en un primer momento la habíamos confundido con la torre de la prisión, así que nos miramos riéndonos y asentimos… Esto sí que tenía sentido, pues se trataba de un campanario con un enorme reloj y un calendario astronómico verdaderamente singular. Fue la primera puerta de la ciudad, cosa que parece indicar que a los suizos les va la puntualidad desde tiempos remotos… Es uno de los emblemas de la ciudad, y por cierto, si quieres ampliar información se puede visitar por dentro. (15Chf visita guiada)

Arcadas medievales (Lauben)

Algo característico y que tiene un encanto singular son sus 6 km de calles con porticos medievales. Están repletas de comercios donde podrás perderte, y que los berneses se enorgullecen de ofrecer la posibilidad de comprar pese a la lluvia,etc. Aunque a nosotras lo que nos enamoró fue el encanto de la edificación, también sucumbimos a cotillear algunos de sus comercios. Además, nos impactó la de bares, bodegas-restaurantes y discotecas subterrénos que vimos. Parece que hay todo un mundo bajo los pies de Berna… Aunque su misterio nos llamaba a gritos, decidimos continuar con la marcha y caminar hasta la catedral.

Catedral (Münster)

Por supuesto la traducción no es «mounstro», pero vaya que sí se le parece… La catedral impone, pero su torre de 100m de altura da vértigo, a la que por cierto se puede y debe subir (salvo que el miedo te lo impida). Yo, que además de vértigo me mareo con una facilidad que asusta, lo pasé bastante mal, he de reconocerlo. Pero no por la altura, los 312 escalones por su sinuosa escalera de caracol tienen la culpa. Es como girar sobre ti misma unas 100 veces… Para mi es una torutra. Si es tu caso, te puedes quedar en la terracita de enfrente tomando un café, o admirar el interior de la iglesia. Pero si quieres contemplar las mejores vistas de Berna… Te va a tocar subir, e incluso pasándolo mal por el camino, merece mucho la pena.
Es la torre de iglesia más alta de Suiza, y una catedral gótica impresionante en general. Aunque yo de arte no pueda hablarte, allí mismo te facilitan la información histórica de esta bestial obra de arte.

Respecto a Tibet, no la dejaron entrar a la catedral. La dejamos custodiando la puerta, y le dimos el número de teléfono a la chica de la entrada, que era muy amable, y nos dijo que nos llamaría si había algún problema. (Con lo miedica que es Tibet… incluso se libró)

Parque de los osos (Bärengraben)
Seguimos paseando hasta otro puente con vistas increibles. Al otro lado nos esperaba el parque de osos. El oso pardo es un símbolo para la capital Suiza. Aparece en el escudo de Berna y dio nombre a la ciudad, pues está intrínsecamente ligado a su historia. Este parque no es algo nuevo para Berna, ya que el primer foso de osos se construyó a principios del siglo dieciseis, por supuesto no como hoy en día lo conocemos.
A pesar de que la idea de ver animales en «semi-libertad» nos crea controversia y a mi personalmente me aberra, ver la cara de Noelia fue todo un poema. Ella, fanática empedernida de los animales, fue la primera vez que vio un oso en vivo y en directo. Lo cierto es que me costó mantener a Noelia y a Tibet, las dos estaban entusiasmadas y querían entrar a jugar con los osos… No sé cuál estaba más eufórica.
Si tu moral no te lo impide, es una visita imprescindible. Además es gratis, ya que el parque de 6000m2 se ve desde la calle.

Rivera del río Aare

Si has llegado hasta aquí, por favor, no te vayas sin pasear por la rivera del río. Si es verano, aprovecha para bañarte. Nosotras no pudimos hacerlo, pero Tibet no se cortó ni un pelo y se tiró literalmente de cabeza… Disfrutábamos sólo de verla.

Ese paseo vale oro, te transporta a plena naturaleza estando en la capital del país.

Desde el parque de los osos puedes subir al jardín de las rosas, cosa que descartamos por la época del año, aunque según dicen hay unas vistas preciosas y un bar para tomar algo si te apetece.

Nosotras caminamos por la rivera dirección «Helvetia platz», y paramos a repostar en un bar situado literalmente encima del río, el Schwellenmätteli. Si cerrabas los ojos, el ruido del agua te transportaba y te envovía.
Muy recomendable, aunque sea, pasarse a verlo, porque es toda una experiencia.

 

Berna, enamora. Ya te lo advertí desde el principio.
Creo que lo que más me gusta de una ciudad es su naturaleza, y es asombroso el verde que inunda la capital de Suiza, y la forma especial en la que el río Aare abraza su casco antiguo.

Berna tiene muchísimo por descubrir. Espero que te haya servido nuestra aventura, y disfrutes de tu visita por esta bella metrópoli.
Mientras volvíamos hacia la estación de tren para volver a casa (Zermatt), nos preguntábamos: ¿Y si venimos a vivir una temporada a Berna?
Nos encantó la ciudad. Si volvemos, prometo contarte todo lo que descubramos.

Un abrazo.